Tras las fiestas invernales comenzamos un nuevo año, pero no uno cualquiera ¡NO!, este es el año en que finalizara el mundo, claro que yo tengo un amigo que tiene por costumbre decir que el día menos pensado nos caerá un meteorito y a tomar por saco todo. Igual este año mi amigo acierta.
¿se han planteado ustedes como puede ser el fin del mundo?, a mi me gustaría que fuera de la siguiente forma… una Venus-afrodita me secuestrara y me llevara a una isla llena única y exclusivamente de mujeres, si si si lo sé soñar es gratis, pero prefiero soñar que despertar en esta realidad que nos ha tocado vivir al conjunto de los ciudadanos/as de los denominados países desarrollados.
Una situación que parece que no tenga fin, abres un periódico, escuchas la radio, ves la televisión y pocas o ninguna son las buenas noticias, llevan a la ciudadanía a una especie de tristeza colectiva.
Pero continuando con las pasadas fiestas, ahora toca que los dietistas, gimnasios, y gurús de la alimentación hagan su particular “agosto” debido a los excesos, pero que buenas que estaban las gambitas, los gambones, los turrones, el vinito, el cava, y demás productos que en esos días componen la cesta de la compra y la ornamentación de las mesas, en la gran mayoría de las casas de este país. Pero por desgracia no en todas.
Pero sin duda quien realmente ha hecho su particular “agosto” han sido las empresas de vigilancia y seguridad de este país, sufrieron un pico de contratación para la noche del 5 a 6, ya que con la visita de sus altezas reales mucha gente temía que les acompañara su yerno.
Permítanme que me haya tomado esta pequeña licencia humorística, pero es para llorar, y el panorama que se avecina a los valencianos/as, no es mucho mejor estando nuestra comunidad en bancarrota, sin sistema financiero propio y con la imagen de nuestras instituciones bajo mínimos.
¿Saldremos adelante? Si por supuesto. Pero un cambio es necesario y posible para controlar las cuentas públicas y evitar a esas sanguijuelas.